1º de Mayo: ¿Hay algo que celebrar?

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Quizás en los últimos años, fechas como la que conmemoramos hoy han perdido un poco de sentido para el común de los trabajadores. Para muchos, entre los que se incluye quien escribe, no deja de ser uno de esos días festivos en los que te quedas en casa y dejas para los sindicalistas el salir a la calle con banderas y pancartas a reivindicar los derechos de los trabajadores. Pero este Primero de Mayo va a ser distinto.

El coronavirus ha cambiado todo, también la forma de concebir el Día del Trabajador. Desde la forma en que los sindicatos han convocado las movilizaciones, de modo virtual, a la situación de millones de personas en nuestro país. Unos librando una batalla sin descanso para detener la pandemia sanitaria, otros confinados desarrollando sus jornadas laborales de manera telemática y otros, los peor parados, víctimas de expedientes de regulación de empleo o parados con un futuro incierto. Así, desde casa o en la lucha contra el Covid-19, en este 2020 seremos muchos más los que queramos celebrar el 1 de Mayo.

Pero no es la primera vez que en España se tiene que celebrar el 1 de Mayo desde casa, gobiernos como el de Cánovas del Castillo o las dictaduras de Primo de Rivera o Franco ya prohibieron este tipo de reivindicaciones obreras. Después de la Transición, solo la crisis del coronavirus ha impedido la celebración de las manifestaciones del Día del Trabajador, arrasando además el mercado laboral y el tejido productivo de todo el país y del mundo.

Hoy, el lema elegido por los sindicatos es ‘Trabajo y servicios públicos. Otro modelo social y económico es posible’, con el que se pretende reclamar condiciones de trabajo dignas y salarios suficientes, denunciando las reformas que entienden que devaluaron y precarizaron el empleo, pero quizás se olvidan o se alejan de una reivindicación sobre la situación actual, en la que millones de personas han perdido su empleo de manera temporal o definitivamente, pero sin un claro horizonte de estabilidad laboral.

Reivindicaciones históricas han sido las protagonistas de esta jornada. Desde conseguir la jornada laboral de 8 horas, hasta la igualdad de salarios entre clases, hombres y mujeres, pero hoy Primero de Mayo de 2020 el mensaje de toda la sociedad debe ser el mismo: tenemos que reivindicar la defensa de quienes esta crisis sanitaria y la económica que ya estamos sufriendo “se ha llevado por delante”.

Primero, las condiciones laborales de quienes han hecho frente al virus sin medios, dejando a un lado su protección y la de los suyos para conseguir luchar contra lo desconocido ayudando a las personas afectadas por la enfermedad; segundo, a quienes han seguido trabajando desde sus casas, soportando incluso prejuicios sicológicos por mantener una actividad en unas condiciones nada favorables, y tercero, y sobre todo, a quienes no ven un horizonte más allá de la desescalada del confinamiento tras sufrir un ERTE o estar desempleados. Esas, las otras víctimas del coronavirus, no cuentan con ingresos, están sin trabajo y no tienen una perspectiva de futuro. Son los protagonistas de la siguiente ‘fase’ de solidaridad que está por venir.

Y es que en La Palma la situación no es distinta. Cuando parecía que la batalla a la fatídica cifra los 8.000 desempleados se había ganado, con números descendentes en los últimos meses que habían situado el guarismo de demandantes de empleo por debajo de esa frontera, nos llega otra nueva crisis. Esta quizás más perene que las anteriores.

Nuestra economía no se ha librado. Ya los primeros datos de primeros de abril nos advertían del crecimiento de casi 600 desempleados y, paralelamente, se anunciaban 792 ERTEs en empresas palmeras que afectaban a otros 3.486 trabajadores y trabajadoras. Incluso, en ese primer trimestre desaparecían 243 empresas en La Palma.

En los próximos días se conocerán los datos acumulados de desempleo durante mes de abril, aportando una cifra difícil de imaginar de personas víctimas de la crisis económica. Y todo ello con un paradigma muy distinto al de otras ocasiones. Sin turismo, con el tejido productivo paralizado y, sobre todo, con el miedo de una enfermedad que no hemos vencido definitivamente.

Por eso me pregunto: ¿Hay algo que celebrar?.

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