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Cinco años después del Tajogaite: el dolor por lo perdido, más allá de recuperar una vivienda

El psiquiatra Félix González destaca el papel del apoyo comunitario y advierte de que el malestar emocional tras una catástrofe no implica necesariamente una enfermedad mental

Cinco años después de la erupción del Tajogaite, las consecuencias de aquella catástrofe continúan presentes en La Palma, también en el ámbito emocional. El psiquiatra Félix González ha analizado en ´Más de Uno La Palma´el impacto que el volcán ha tenido sobre la salud mental de las personas afectadas y ha subrayado la necesidad de diferenciar entre el sufrimiento emocional derivado de una experiencia traumática y la existencia de una enfermedad mental.

González explica que, contra algunas previsiones iniciales, durante los primeros meses de la erupción no se produjo un incremento inmediato de los ingresos psiquiátricos. Por el contrario, disminuyeron. A su juicio, este comportamiento pudo estar relacionado con el papel activo que muchas personas asumieron durante la emergencia, tanto ayudando como dejándose ayudar, lo que favoreció que se sintieran útiles, acompañadas y partícipes de la respuesta colectiva.

El especialista señala que sí se detectaron síntomas emocionales y también una agudización de determinadas enfermedades mentales, pero considera importante evitar hablar de una supuesta «epidemia de salud mental» vinculada al volcán. «Sufrir y tener malestar no es tener una enfermedad mental», sostiene, al considerar que una reacción emocional ante una situación de estas características puede ser completamente congruente con lo vivido.

Recuperar una casa no significa recuperar lo perdido

Uno de los aspectos en los que más incide el psiquiatra es en la diferencia entre recuperar las condiciones materiales de vida y recuperar todo aquello que representaba el lugar que se perdió bajo la lava.

Una vivienda nueva puede proporcionar seguridad y comodidad, pero no necesariamente devuelve el barrio, el paisaje cotidiano, los vínculos vecinales o el legado familiar construido durante generaciones. González considera que esta dimensión constituye uno de los puntos más sensibles de las consecuencias psicológicas a largo plazo.

Para ilustrarlo, hace referencia a experiencias estudiadas en otros territorios afectados por catástrofes volcánicas, como Chile, donde se ha observado que personas trasladadas a lugares seguros y habitables podían encontrarse materialmente bien, pero continuar experimentando tristeza por haber perdido su barrio y su entorno.

No todas las personas desarrollan estrés postraumático

El doctor Feli González también pone el foco en algunas de las previsiones realizadas en los primeros días de la erupción, entre ellas la posibilidad de que se produjera un aumento generalizado de los casos de estrés postraumático o de suicidio.

El psiquiatra recuerda que no todas las personas que atraviesan un acontecimiento altamente estresante desarrollan un trastorno de estrés postraumático. Algunas presentan síntomas, otras pueden desarrollar una enfermedad y otras consiguen sobreponerse sin llegar a padecer un trastorno.

En este sentido, considera fundamental no confundir las consecuencias emocionales normales de una catástrofe con una patología. El dolor, la tristeza, la preocupación o el sentimiento de pérdida pueden permanecer durante años sin que necesariamente exista un diagnóstico psiquiátrico.

El apoyo de la comunidad, un elemento fundamental

González destaca especialmente el papel desempeñado por las familias, los amigos y la propia comunidad de personas afectadas durante el proceso de recuperación.

Sentirse acompañado, escuchado y comprendido puede convertirse en un elemento esencial para afrontar una experiencia traumática. El psiquiatra recuerda incluso una experiencia familiar vinculada a la erupción del Teneguía para explicar cómo la posibilidad de acoger y ayudar a quienes se encuentran en una situación de inseguridad puede generar también una sensación de protección y utilidad.

El especialista cita además un estudio publicado en 2025 por Padrón Armas y Trujillo González, que analizó el bienestar del alumnado de las zonas directamente afectadas por el Tajogaite. Según las conclusiones mencionadas por González, estos estudiantes presentaban menores niveles de ansiedad y malestar por soledad que los grupos comparados, una circunstancia que los autores relacionaban, entre otros factores, con la experiencia compartida y el apoyo comunitario.

«La resiliencia no es una cuestión de voluntad»

Otro de los conceptos abordados durante la entrevista fue el de resiliencia, una palabra que adquirió especial protagonismo durante los meses posteriores a la erupción.

González explica que la resiliencia puede entenderse como la capacidad de una persona para sobreponerse a una situación adversa y recuperar un cierto bienestar, pero advierte de que esta capacidad no se manifiesta de la misma manera en todas las personas.

Factores innatos, genéticos, personales y experiencias aprendidas pueden influir en la manera en que cada individuo afronta una situación traumática. Por ello, considera un error trasladar la idea de que todas las personas deben ser igualmente resilientes.

El psiquiatra llama especialmente la atención sobre determinadas expresiones como «tienes que poner de tu parte» o «tienes que ser positivo». Aunque puedan pronunciarse con buena intención, pueden generar incomprensión en quienes están atravesando un proceso de sufrimiento.

Frente a ello, propone escuchar y acompañar. Permitir que una persona pueda expresar que está mal, sin exigirle que cierre rápidamente su proceso emocional, puede ser más beneficioso que imponerle una determinada manera de afrontar lo sucedido.

Una población que debe seguir siendo escuchada

Cinco años después del volcán, González considera necesario mantener la atención sobre aquellas personas que continúan en una situación de vulnerabilidad. La erupción, además, no llegó de manera aislada. El especialista recuerda que estuvo precedida por la pandemia y por el incendio que afectó especialmente a la zona, acumulando diferentes situaciones adversas sobre una población que ya había experimentado otros episodios de estrés.

El psiquiatra apuesta por mantener la vigilancia y los recursos de los servicios de salud mental para atender a quienes puedan necesitar ayuda en los próximos años.

Al mismo tiempo, transmite un mensaje de perspectiva: las reacciones emocionales normales tienden a evolucionar con el paso del tiempo. En situaciones de desastre similares, explica, los trastornos mentales asociados directamente a reacciones de estrés presentan incrementos limitados, mientras que determinadas manifestaciones de ansiedad y síntomas depresivos pueden aumentar temporalmente y, en muchos casos, disminuir progresivamente.

Para González, el reto está en comprender que el Tajogaite ya forma parte de la historia y de la memoria colectiva de La Palma, pero también en reconocer que cada persona ha vivido sus consecuencias de una manera diferente.

Cinco años después, recuperar una vivienda puede significar haber avanzado mucho, pero para algunas personas la recuperación emocional pasa también por asumir la pérdida de un paisaje, un barrio, una historia familiar y una forma de vida que ya no existe como antes.

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