De visita forzada al Hospital: en ‘Territorio Covid’

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Reducir al mínimo la posibilidad de contagio por coronavirus ya es una prioridad para cualquier ciudadano de a pie, pero aún lo es más para una instalación sanitaria que tiene o tendrá que atender a gran cantidad de enfermos. El primer paso ha sido reducir drásticamente la presencia de personas en sus instalaciones. Si se puede, se hacen consultas de especialidades por vía telefónica. Las que no, un número muy reducido, por necesidad, son atendidos en el propio centro… pero con medidas de extremo control.

Basta una visita forzada al Hospital General de La Palma en estos días (solo en casos irrenunciables) para certificar que el centro sanitario palmero es ‘territorio Covid’. La mayor parte del complejo dedica ya sus esfuerzos a centrarse en la atención de pacientes en UCI o en planta, que aún no son tantos como para saturar estos servicios, o en mayor medida, a impedir precisamente el contagio por coronavirus de los otros pacientes que con patologías de las de siempre se ven obligados a acudir al Hospital.

Evidentemente, Sanidad impide cualquier visita a enfermos, y los que requieran de atención específica en una de las consultas de especialidades deben entrar adecuados, mascarilla y guantes, como mínimo. Cada cual se las ingenia como puede: mascarillas sanitarias, caseras, deportivas o de buceo… Sean unas u otras, no hay cara transitando por los pasillos del Hospital que no esté cubierta.

Los sanitarios, al menos aquellos que más se acercan a los pacientes, llevan esas caretas de diseño 3D que han donado los creativos palmeros. Algunos forrados con batas especiales y cubiertas (calzas) en los zapatos. Al verlos, dan ganas de volver a la “bendita cuarentena” de tu casa.

Sus caras lo dicen todo. Te miran sin acercarse mucho. Son respetuosos, pero notas que mantienen las distancias. Saben que son los primeros en la lista de probabilidades por estar en primera linea de esta ‘guerra biológica’ y que necesitamos que sigan ahí venciendo a la estadística que dice que tienen un alto porcentaje de terminar contagiados. ¡Qué difícil debe ser trabajar sabiéndote casi indefenso!

Los pasillos del Hospital son como la zona neutral entre dos trincheras. A la vista está… pasillos desiertos, bancos ‘amontonados’, consultas vacías y más distancia que nunca. No hay sillas… nadie puede sentarse. El protocolo, que posiblemente responde a la necesidad de que no se formen grupos de “posibles portadores del virus”, obliga a los pocos pacientes de especialidades a los que aún se les ha mantenido la consulta a esperar de pie en el pasillo, lo más cerca de la puerta del especialista y guardando la distancia con cualquier otro que se encuentre en la misma zona.

En los pasillos comunes, en las zonas por donde transitan la escasa gente que pasa en estos días por el Hospital, se ha redoblado el servicio de limpieza y desinfección. Cada 15/20 metros, uno/a de los operarios/as de limpieza se afana en desinfectar todo lo tocable: puertas, ventanas, pasamanos, papeleras, sillas de ruedas… una y otra vez.

En cada consulta o servicio el mismo procedimiento. Entra un paciente, o unos pocos, y al rato el servicio de limpieza pasa el trapo o la fregona con el desinfectante. Al ver esto, uno se pregunta: Si esto es así en zona de consultas, ¿cómo será en planta o en la UCI?

La sensación que te encoge el estómago tras pasar por el Hospital de La Palma es que el aplauso de las 19:00 (hora canaria) es muy poco para lo que estos profesionales se merecen. Ellos son el primer batallón del frente y lo están soportando estoicamente.

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