El contacto humano es salud mental

En la era de las redes sociales, de los mails, de las aplicaciones, de las pantallas y de la inteligencia artificial, vemos datos dónde la salud mental se resiente en nuestra sociedad. No seré yo el que diga que hay una relación directa con estas nuevas tecnologías, ya que haría intrusismo profesional, y además podría ser calificado de “enterao de la caja del agua”. Esto lo dejo para los expertos y los que dedican gran parte de su tiempo a estudiar sobre esta rama de la salud, tan infinita.

El pasado fin de semana, estuvimos en el XXIII Encuentro de Breñuscos, y para el que no lo conozca, digo de forma somera, que se trata de un viaje a Tenerife que hacemos un grupo de personas de Breña Alta, para visitar a algunos breñuscos que un día, por un motivo u otro, trasladaron su residencia a Tenerife.

Desde que parte la expedición en La Palma, ya se puede observar cómo se hace equipo, se cohesiona la sociedad y se hace pueblo. He tenido la ocasión de palpar el fundamento de las relaciones personales en las miradas de melancolía, de cariño, de ansias de compartir momentos alegres, pero en comunidad, juntos.

Las visitas y los traslados en guagua son auténticos foros de encuentro. Este año nos recibía San Miguel de Abona, su alcalde-Arturo-y la concejal de Cultura-Pilar-, arropándonos y poniendo su municipio a disposición, y las caras y los gestos de los breñuscos evaporaban gratitud. 

Los paseos por la ciudad de los adelantados del domingo, que este año coincidió con la Feria del Libro, es un momento de reflexión y en el que sientes que estás con los tuyos, con la comunidad que le debemos a nuestros antepasados y que tenemos la obligación de dejar a nuestros sucesores.

Pude percibir que el “estar pendiente” alegra. Que las personas mayores no necesitan tanto un bastón como una mirada o una mano tendida. Que los jóvenes encuentran también motivación en espacios compartidos con mayores. Pude observar que preguntar a alguien simplemente, si descansó la noche anterior, es un motivo de esperanza. Cosas que no cuestan y valen mucho.

Muchos de los que fueron, habían sobrevivido a guerras, a migraciones difíciles, a pandemias, a la Tragedia del Llanito, a perder gran parte de su familia, a enfermedades y encontraban el momento de sonreír, al interactuar. La sonrisa como símbolo de gratitud por el hecho de estar. 

En las calles paseaban jóvenes que no se hablaban y que miraban móviles con gesto apático. Una sociedad triste teniéndolo todo y sin importarle estar frente al que lo pierde todo y agradece el estar. 

Pude deducir el poder de mirarse a la cara. Vi en la comida de Tegueste jóvenes reír compartiendo con los mayores. ! Incluso en un sorteo de CD’s! Y pude ilusionarme al saber que hay esperanza, si recogemos el testigo con gratitud para entregarlo con generosidad, mientras nos escuchamos, nos apoyamos, nos regalamos lo más valioso: cariño y atención. El contacto humano es salud mental. Así se ha hecho Villa, entre todos, porque seguimos creyendo que la sociedad y Breña Alta son sus personas.

Agradezcamos estar, mientras compartimos y escuchamos al otro. Cada uno podemos poner una tirita, y entre todos podemos curar.