El empoderamiento a mujeres, un ingrediente más en la receta de la recuperación de La Palma tras la erupción volcánica

Durante la crisis volcánica que afectó a La Palma en 2021, los servicios de Cruz Roja pudieron observar cómo se manifestaba la brecha de género entre las personas afectadas a las que atendían. En el lado menos visible y con peores consecuencias, se detectaron situaciones que derivaban en maltrato y violencia, que tuvieron que ser derivados a los servicios públicos especializados. Sin embargo, de manera más sutil pero muy habitual, la manera en que mujeres y hombres asumían diferentes roles dentro de las familias para abordar la crisis era desequilibrada, siendo mayoritariamente perjudicial para las mujeres. 

Fruto de esa observación, se empezó a hacer un seguimiento exhaustivo en las valoraciones, explorando cuáles eran las demandas específicas de las mujeres. La conclusión fue que muchas se silenciaban a sí mismas, pero pedían a gritos tiempo y espacio para sí mismas; así como aprender a sentir y reconocer su propia valía.

Cruz Roja se puso en marcha y en septiembre de 2022 arrancó un proyecto específico dirigido al empoderamiento a mujeres. Inició con usuarias con las que la Organización ya venía trabajando, pero, poco a poco, se han ido uniendo otras nuevas. Y han sido ellas mismas las que eligieron cómo nombrar al proyecto, poniéndole “Mujeres más fuertes que el volcán”.

Grisel es una de ellas, que se unió más tarde, animada por una amiga. Una de las más de cien participantes. Tiene 53 años, madre de tres hijos, y en el momento de la erupción vivía en el barrio de Puerto Naos. El volcán la hizo salir de su casa y aún no ha podido regresar. Cuenta que en un momento dado “me encontré perdida, sin mi gente, todos dispersados y ya no era igual”.

El elemento primordial de este proyecto de Cruz Roja es la creación del espacio y el sentimiento de grupo, “que las mujeres sepan que cuentan con un espacio seguro al que acudir y poder sentirse a gusto en él”, cuenta Yajaira García, técnica del proyecto. Así ha sido. Como es mencionado caso de Grisel que, junto a su amiga, se acercó y empezó a participar en las diferentes actividades. Unas actividades que organiza el voluntariado de Cruz Roja pero también las propias participantes del proyecto. “Me sentía sola y perdida y allí comencé a sentirme acogida. Vas participando, conoces a otras personas que están en tu misma situación, te sientes respaldada y siempre te llevas algo bueno”, añade Grisel por mensajería instantánea cuando le preguntamos si quería que su testimonio sirviera para ilustrar esta historia.

Este proyecto persigue facilitar la recuperación emocional de las participantes tras el episodio traumático de la erupción, crear vínculos de apoyo entre iguales y fortalecer las capacidades y habilidades para su autonomía. Del mismo modo, se desarrollan acciones de sensibilización sobre igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.

Durante el último año se han desarrollado talleres de yoga, lectura, respiración, danza africana, excursiones a entornos naturales, … Pero también acciones orientadas a aprender nuevas competencias que les permitan aumentar ser más autónomas o emprender nuevas acciones en su vida personal que hasta ahora no se habían atrevido: competencias digitales, mecánica, pequeñas reparaciones en el hogar… Nada que no puedan aprender y nada que no se puedan enseñar entre ellas. Todo para que la recuperación no signifique volver a la normalidad, sino crear una nueva realidad, mejor que la que había antes.

La emergencia volcánica sigue presente en las mentes de todas. De hecho, Grisel intercala en su mensaje de WhatsApp el emoticono de un expresivo volcán rojo echando humo, que te transporta automáticamente a aquellos casi tres meses vividos por el pueblo palmero desde el 19 de septiembre de 2021. Sin embargo, el auténtico volcán, Tajogaite, ya no echa humo, y Grisel ya sabe que ella es más fuerte que el volcán.