Gracias por tanto

Palabras de agradecimiento de Yaiza Pérez Cabrera

Hace menos de un mes escribía unas palabras en una red social por el cumpleaños de mi pequeña estrella, Sara. En ellas decía que cuando pensaba que ya no podía querer más, llegó ella y me demostró que el amor se multiplica, no se divide. Los que la conocían saben que era una niña especial (no por ser mi hija, es la pura realidad): tenía una luz particular y repartía cariño por donde pasaba. Cariñosa, alegre, atenta, bondadosa y muy, muy pilla… Así era mi pequeña…


Ahora, bajo una profunda tristeza, me toca escribir unas palabras de agradecimiento. Aunque son muchas las personas que me han dicho que no es necesario, yo creo que sí lo es, y quienes me conocen saben que si no lo hiciera, no sería del todo yo. Porque aunque esto ha sido una pesadilla inesperada y trágica, mi familia y yo nos hemos sentido muy queridos. Yo, particularmente, no soporto la pena que me supone su partida, pero en ningún momento me he sentido sola; todo lo contrario, me he sentido acompañada y querida.

Desde el momento cero, en el que mi coche entró en aquel túnel, todas las personas que se encontraban allí tuvieron un gesto, una palabra, un abrazo desde el total respeto a mi desesperación y a mi dolor. Carmelo (policía local de Santa Cruz de La Palma), que desde el principio intentó que Sara saliera adelante (no te quito de mi pensamiento; como tú mismo me dijiste, sabes que «estoy para lo que te haga falta»). Porque él no solo se limitó a hacer su trabajo, sino que se comprometió a quedarse allí con ella para que yo tuviera la fuerza de irme… Nos acompañó en el velatorio y, además de eso, mandó flores para mi niña. Alfredo, gracias por ese abrazo al pasar, en el que tu mirada ya estaba de duelo cuando yo aún no era consciente. Juanjo, que es como Sara, un ser de luz, la acompañó a ella en todo momento y luego a mí en mi desconsuelo con un saber estar como pocos. Policía local, guardia civil, bomberos, policía nacional… Un joven, estudiante de medicina, que pasaba por allí en ese momento y que no dejó a Lucía (mi niña mayor) sola en ningún momento (te agradecería,  si no te importa, que te pusieras en contacto con nosotros). Vicky, la doctora de urgencias (profesional como la que más, que hizo lo imposible porque mi niña volviera), que en su mirada de ojos bonitos y su semblante reflejaba que la pérdida era también suya y mi dolor el de ella. Y, cómo no, las ambulancias que acudieron al accidente, a los compañeros de trabajo de tu padre (túnel), quienes a pesar de haber terminado su jornada de trabajo, se quedaron hasta que fue necesario.

El servicio de urgencias del Hospital de La Palma de aquella tarde-noche fatídica: Pablo, Rafa, Carlos, María, Trini (para ti no tengo palabras, pues solo con mirarte me entendías), etc. El Hospital en general: los compañeros de mi padre y de mi hermana, los celadores, los trabajadores del servicio de esterilización, de cocina, de limpieza, de farmacia: Mercedes Coello, Laura, Javi, etc. Porque todo fueron atenciones, buenas palabras y facilidades. Podrían pensar que estoy loca porque también quiero darle las gracias a la forense; aunque yo no estaba presente allí, tuvo un trato exquisito con mi padre y con mi hermana. Y a José Luis, pues, gracias a él, los trámites fueron más fáciles y sencillos.

Quizás no sea correcto nombrar a personas particulares, pero la vida me ha enseñado que es bueno decir las cosas, no darlas por hecho y aprovechar hasta los minutos con las personas a las que queremos. Y por eso aquí va esta lista, tal vez extensa, pero necesaria. A mis padres, porque a pesar de estar rotos como yo, aguantaron el tipo a mi lado, siempre reconfortándome. A mi hermana (mi media mitad), que mira a mis niñas como si fueran de ella, y a mi cuñado («Yeye», como Sara lo llamaba), porque no les faltó sino volar para venir a mi lado y se ocuparon de todo desde el respeto, preguntando e intentando hacer lo mejor. A los padrinos de Sara, que sienten un amor puro y verdadero por ella y para quienes nuestra pérdida ha sido suya también. A Nuri, porque hay amistades que son como de la familia y tú eres una de ellas. A Loly, que estuvo desde la distancia, y a Goyo, siempre presente a nuestro lado. A Cele, que cerró su negocio para estar con nosotros. Para Katy no hay palabras. A Antonio, que me ayudó a pasar el momento más duro de mi vida respetando mis tiempos y mis decisiones. A Francisco Ferraz,  a Magaly, que me dio su mano para poder hacer frente al reencuentro con Lucía. A Aní (la otra parte implicada en el accidente), que me dio un abrazo como si la pérdida hubiera sido de ella en el momento en el que aún no sabíamos de los demás. A Adela, que aparte de estar y de adorar a mis hijas día a día, hizo de tripas corazón para darle la noticia a abuela y acompañarla mientras nosotros no podíamos (mi madre dice que es una hermana que la vida le regaló y creo que es así). A ti, abuela, por darnos una lección de vida y, siendo la mayor, consolarnos y estar pendiente hasta de hacer un caldito para calentar el estómago. A mis abuelos y a mis tías, que no han faltado ni faltan nunca.

A los padres de Camila, que también iba en el coche, y a ella misma, que quería mucho a Sara, porque en ningún momento me hicieron sentir responsable, mal ni incómoda… Todo lo contrario, mi dolor era el suyo y estábamos juntos en esto.

A los que desde la sombra, sin ser vistos ni percibidos, estaban. A abuela Mary y a abuelo Manolo, que cuidaron de Lucía para yo poder llorar a Sara. A Ana Rosa (sabes que sobran las palabras; cuando mis ojos te buscaban, siempre te encontraban). A Aragua, que llegó a los diez minutos a la clínica dejando a sus niños por detrás y me acompañó en todo momento. A Jorge y a Marisol, mi jefa querida (solo con tu presencia desprendes tranquilidad). A Angelina, que se vino desde Tenerife estando mala para darme un abrazo de corazón. A mis Topetas no puedo dejar de nombrarlas: han sido, son y serán especiales y maravillosas. A personas queridas que a pesar de hacer mucho que no nos veíamos, quisieron darme un abrazo: don Marcos, Remedios, Marquitos, Diego… A aquellos que estuvieron cuando habitualmente no van nunca a «esas cosas» y a quienes no se atrevieron a subir. A los que dejaron su trabajo y viajaron para verme: Nabila, sabes que eres especial; a ti, «Jefe», que aun tratándose de una situación complicada, incómoda y difícil para ti estar allí, priorizaste el cariño que me tienes (que sabes que es mutuo) y estuviste conmigo. Gracias a los que cogieron un vuelo Gran Canaria-La Palma para vernos durante unas horas y regresar con el corazón roto.

Nieves, amiga mía, para ti no tengo palabras, porque aun estando tú misma mal, has estado para todos, escuchando, aconsejando, siempre tan comprensiva y prudente, respetando los sentimientos de todos… A ti no me vale darte las gracias: te mando parte de mi corazón. Que sepas que eres una persona única y una profesional de los pies a la cabeza. Sin ti esto hubiera sido imposible.

A Sandra, porque cuando se dice «en lo bueno y en lo malo», no solo es para los matrimonios. Hay amistades que pasan a ser familia y hace mucho tiempo que tú eres de la nuestra y yo de la tuya. No somos dos hijas o dos hermanas, somos tres. Porque no es fácil dejar dos niñas pequeñas, ni el trabajo, en plena separación, para venir a pasar diez días con tu amiga porque su pequeña había partido para no volver.

Al personal del Hospital de Nuestra Señora de los Dolores en peso, que estuvo y se volcó conmigo (sepan que aunque no soy personal fijo, siempre estaré orgullosa y feliz de proclamar que he trabajado con ustedes). A la Residencia de Pensionistas, porque esa es como mi segunda casa y los compañeros de mi madre son como familia. A las camareras de la Residencia, que no solo estuvieron, sino que cuidaron de nosotros. Al Ayuntamiento de Puntallana, tanto institucionalmente como de forma personal a sus trabajadores, compañeros también. Al Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. A Juanjo Neris, Illi y a Josiño, que también han estado para todos y todo. Al «Jorós», cuyos jugadores fueron llegando poco a poco y silenciosamente hasta llegar todos (Toño, Jorge, Fran, Alonso, Néstor, Yuse, CC, Alex Rocha etc.), y a su entrenador (tío Juan), que siempre sabe dónde tiene que estar. Al equipo de baloncesto Dominicas y a sus padres (Sebastián, Alfonso, Guille, Pablo, etc.) porque son y han sido siempre especiales. A la Escuela Municipal de Danza de Santa Cruz de La Palma (José), a la Escuela Insular de Música de La Palma (Mila y Luisa) y al Instituto Luis Cobiella Cuevas.

Una mención especial para el colegio de Sara, el José Pérez Vidal. Para todos, porque no puedo dejar a ninguno por detrás: Alboraida, Isabel, Laura, Jesús, Consuelo, Eugenia, Teté, Montse, Elena, Paula, etc. Porque muchos de ellos por no decir casi todos ya son amigos o casi familia. También a los padres de sus compañeros por estar.

Y a ti, mi querida Charo, ¿qué te digo? Gracias. Porque Sara te quería «mil» (como ella decía). Fue infinitamente feliz en el cole y a tu lado, y estoy segura de que la tienes dándoles clase a todos los ángeles de su alrededor (imitándote, como tanto le gustaba hacer) y enseñándoles a escribir «Te quiero» o cantando una de tus canciones. Sabes que eras y eres especial para ella. Gracias no solo por enseñarla, sino por quererla, porque, como digo muchas veces, hay profesiones que no se pagan con dinero.

GRACIAS, GRACIAS Y MIL GRACIAS. No me dará la vida para pagar todo esto. Por tanto cariño, por tanta compañía, por tantas flores, por tantas palabras de aliento, por tantos mensajes y whatspps.

Lucía, para ti ni tengo palabras. Tú fuiste la primera, la que me enseñó a ser madre, la hermana mayor, y has demostrado ser una niña valiente, una luchadora nata, que intenta estar bien por los demás. Le doy gracias a Dios todos los días porque estás bien y junto a mí. Si tú no me ayudaras, mami no podría… y sé que aunque ahora estás enfadada con la vida (porque no es justo lo que te tocó vivir), me quieres. Y deseo que sepas que yo te quiero más a ti, que he estado siempre y voy a seguir estando. Y que aunque a las dos nos falte una parte importante, que es Sara, vamos a salir adelante juntas. Y otra cosa: no pienses ni por un minuto que te quiero menos porque lloré a tu hermana. Te quiero «mil», Lucía.

Mi pequeña se fue bailando con sus zapatillas de ballet sobre una alfombra de flores de colores… A ti, mi pequeña bailarina, gracias por permitirme ser tu madre durante seis maravillosos años, por darme risas, miradas inolvidables, noches y días especiales, por un cariño desmesurado y un amor puro y limpio. Me dejaste rota, Sara, pero no sola, porque mami sabe que sigues estando junto a mí. Mami no se va a olvidar de ti nunca, te lo aseguro; intentaré vivir de otra manera, pero siempre te llevaré en mi corazón. ¡Sara, mami te quiere hasta la luna y volver! ¡No lo olvides nunca! Sigue bailando, mi pequeña princesa…

Seguro que se me quedan por detrás muchas personas a las que no he nombrado. Gracias a  todos y a la isla en general porque hasta quienes no la conocían ni nos conocían lo han sentido.

*Gracias Víctor por revisar y darme tú parecer desde el total respeto, dejándome ser yo sin cambiar nada.

*Gracias también a ti, Pedro Montesinos y a 7.7 por poner voz a mis palabras, eternamente agradecida

*Andrea (Andre) gracias a ti también por quererme ayudar a que mis palabras lleguen a través de Onda Cero La Palma

– Yaiza Pérez