Julian, prometo acordarme de tí… cuando volvamos a la indiferencia

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Que una gran empresa done a entidades sociales su demasía de producción por la ausencia de demanda, o incluso un porcentaje de sus beneficios, parece un gesto normalizado en una sociedad comprometida, en la que las empresas saben que son parte de una cadena que de una u otra manera revertirá de nuevo en su propio beneficio, una vez se estabilice el actual situación de alarma y el confinamiento. La lista de compañías con donaciones para colectivos sociales en medio de la alarma sanitaria del coronavirus es enorme en toda España, también en Canarias y evidentemente en La Palma. No hay que restarle valor al hecho, pero no deja de tener un sentido comercial y de responsabilidad con aquellos a los que tienes que proteger, que son sus propios consumidores. Un gran gesto que, reconozcámoslo, ayuda a la imagen de solidaridad de la marca.

Lo realmente admirable, más allá de un gesto vinculado al compromiso social, es cuando el más débil de la cadena, el que primero cae por su reducido ámbito de negocio local, sigue trabajando con el mismo vigor a sabiendas de que su esfuerzo no tendrá recompensa económica, porque ya no hay clientes, y centra el sudor de su frente en una meta: donar todo lo que produce para garantizar un bienestar social, por ejemplo a sus nuevos “héroes sanitarios”, o los más necesitados en Cáritas.

Julian Pérez González, es uno de ellos. Uno de los muchos pequeños agricultores regados por las maltrechas medianías de La Palma al que ni la pandemia le ha obligado a dejar de cultivar su tierra. Confinado en su campo (casi igual de aislado que otros tantos durante muchas décadas en sector rural insular), sabe… saben… que no van a vender lo cultivado, pero ya no buscan eso; quieren contribuir, sentirse parte de esa victoria colectiva.

Julian (que su nombre sea sustituido por el de cualquier pequeño agricultor), entrega sin que nadie se lo haya pedido el fruto de su campo, su esfuerzo diario, a la causa… Este sábado fueron cajas y cajas de calabacines y berenjenas… al Hospital General de La Palma… “dedíquenlo a lo que crean conveniente”, que normalmente suele ser a Cáritas y otras ONGs tan necesarias en estos días.

¿Cuántos aplausos y gracias habría que darle a esos que representa Julian? ¿Qué hora del día elegimos?… aunque ellos no buscan alabanzas ni artículos de prensa “a colación” del momento, como el que suscribimos ahora que nos acordamos de ellos. Buscan ser parte de esto no solo cuando los tiempos de crisis en la globalidad decidan hacerles un hueco. Buscan el ausente reconocimiento social que ha estigmatizado durante varias generaciones a nuestro campo palmero.

No nos engañemos, no señales a los políticos, es responsabilidad nuestra, de los que consumimos. Aunque sea cierto que la respuestas pública a sus gritos de “auxilio” (mientras se fraguan titulares de grandes subvenciones a niveles macroeconómicos para los sectores productivos) son limitadas por ahora; también lo es que las áreas de Agricultura de La Palma, de Canarias, buscan fórmulas para que estos agricultores puedan seguir produciendo incluso en estos tiempos tan complicados. Ahora mismo, por ejemplo, existe incluso una campaña en favor del consumo de productos locales… se sincero, ¿la has tenido en cuenta?

Julian es consciente de que, los discursos de “todo por el campo palmero” volverán a irse en breve. Que hasta esta LOA en forma de texto resultará hipócrita cuando dentro de ¿unos meses? el redactor llegue al supermercado del barrio y se calle cuando vea que la fruta, las verduras, todo lo de la granja, no es local y, por simple comodidad, siga comprando… ese día en el que todos volvamos a la indiferencia.

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