La Caldera, «decrépita» entre la sequía y las especies invasoras

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El amarillo, el canelo… los ocres en general se han apoderado del paisaje de la Caldera de Taburiente. Nuestro Parque Nacional sufre por la sequía y es alimento para las especies introducidas que, ante la temporal pausa social generada por el coronavirus, campan a sus anchas arrasando con plantaciones de especies amenazadas.

Estamos a las puertas del verano, período en el que más sufriremos la ausencia de precipitaciones y en el que se consolidará un panorama ‘decrépito’ en la Caldera. La mires por dónde la mires: en Los Brecitos, en la zona baja del Barranco de Las Angustias, en la Cumbrecita, en los altos del Roque… los que la conocen en profundidad coinciden en decir que no habían visto sufrir al Parque Nacional como lo hace en estos momentos.

Sus gestores, que están realizando un recorrido por las distintas parcelas del parque, han advertido en las redes sociales que son muchas las plantas de diferentes especies que han ido muriendo por la sequía durante los últimos años. Un hecho que es aún más notable en la vegetación baja como las fayas, sauces o bejeques; deshechos por la falta de humedad que padece el suelo.

Esta ausencia de precipitaciones también está ‘matando’ el trabajo que se ha venido realizando en las “parcelas de recuperación”, cuyo fin ha sido mantener especies autóctonas y evitar su desaparición; pero que la sequía ha evitado: Bencomia exstipulata o rosetas de tajinastes ya han desaparecido.

Hay parcelas completas secas, arrasadas o destruidas, aunque hasta que no se haga un inventario exhaustivo no se sabrá con exactitud cuántas plantas se han perdido; algunas de ellas, especies amenazadas de extinción.

Aunque también, parte de la culpa de que estas plantas hayan muerto la tiene la presencia de herbívoros introducidos en la isla, como el arruí. Algo que desde hace años se lucha por combatir, pero que, al contrario, en estos días de estado de alarma, y con el ‘confinamiento del hombre’, han campado a gusto por los parajes naturales de La Palma, comiéndose todo lo que encontraban a su paso.

Este es uno de los ejemplos recogidos en las redes sociales del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente. Se trata de la Parcela denominada 071LIM, situada en la cabecera del Barranco Limonero. Según señalan sus gestores «se acaba de terminar la construcción del vallado perimetral y su destino es el de ser una parcela experimental de siembra de unas 40 especies autóctonas distintas, donde se estudiará su implantación y evolución en competencia».

El verano pasado se hizo en este punto una corta del matorral dominante; y en otoño se hizo una primera siembra masiva de 75.000 de semillas de cada una de las primeras 30 especies de las que se pudo colectar suficiente material. Pero dada la escasez de precipitaciones en ese lugar desde otoño, no se detectan a día de hoy más que dos plantas de las especies sembradas en fase de cotiledón: Echium y una leguminosa. Además, los arruis se han comido alguno de esos tallos nuevos.

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