El 6 de diciembre celebramos el Día de la Constitución, una fecha que muchas veces se queda en festivo, banderas y poco más. Pero la Constitución no es solo un libro que se estudia en el instituto: es el texto que marca cómo se organiza el país, qué derechos tenemos y cómo se reparten las decisiones entre el Estado, las comunidades autónomas y, sí, también los cabildos.
Visto desde La Palma, la Constitución no es algo lejano que pasa en Madrid. Está muy presente en la forma en la que vivimos en una isla pequeña del Atlántico. Aquí van cinco formas muy concretas en las que nos toca.
1. Que Canarias exista como comunidad autónoma (y La Palma tenga Cabildo)
La Constitución reconoce que España no es solo un bloque uniforme, sino un país con nacionalidades y regiones que pueden tener autonomía política. De ahí nace el mapa de comunidades autónomas… y, con él, la Comunidad Autónoma de Canarias.
Gracias a ese marco, hoy existen:
- un Parlamento de Canarias,
- un Gobierno autonómico,
- y cabildos insulares con competencias propias.
Es decir: buena parte de las decisiones que afectan al día a día en La Palma (sanidad, educación, transporte interior, servicios sociales, protección del territorio…) no se toman en Madrid, sino aquí, en Canarias y en el Cabildo. Y eso tiene su raíz en la Constitución.
2. La sanidad y la educación públicas que usamos cada día
Detrás de cosas que damos por hechas —tener un centro de salud, poder llevar a tus hijos a un colegio público en tu municipio, acceder a un hospital en la isla— hay artículos de la Constitución que hablan del derecho a la educación y a la protección de la salud, y de la obligación de los poderes públicos de garantizar esos servicios.
Luego viene toda la letra pequeña (recursos, listas de espera, infraestructuras…), pero la idea de fondo es esta:
la Constitución marca que estos no son “privilegios”, sino derechos de ciudadanía.
Cuando en La Palma se discute sobre un aula que se cierra, un refuerzo sanitario que falta o un servicio que llega tarde, en el fondo estamos hablando de cómo se cumplen —o no— esos principios constitucionales.
3. La igualdad… también en una isla pequeña
Otro de los pilares de la Constitución es la igualdad ante la ley y la prohibición de discriminar por razón de nacimiento, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Eso se traduce en debates muy concretos que también vivimos en La Palma:
- brecha salarial y acceso al empleo de las mujeres,
- derechos de las personas con discapacidad,
- realidad del colectivo LGTBI en municipios pequeños,
- igualdad de oportunidades entre quien vive en la capital y quien vive en un barrio alejado.
Cuando en la isla se ponen en marcha programas de emprendimiento femenino, de apoyo a la discapacidad o de inclusión social, no son “detalles”, están conectados con esa idea de fondo: que la igualdad no sea solo una frase, sino algo que se note en la vida real.
4. El territorio y el medio ambiente que queremos proteger
La Constitución también habla de la obligación de conservar el medio ambiente y el patrimonio natural, y de que los poderes públicos deben velar por ello.
En La Palma eso tiene una traducción directa:
- protección de espacios naturales,
- regulación urbanística,
- leyes que cuidan el cielo nocturno y limitan la contaminación lumínica,
- debates sobre dónde se construye, cuánto se construye y cómo se reconstruye tras el volcán.
Cada vez que se discute sobre un sendero, un espacio protegido, una fajana, un hotel o una línea de costa, estamos decidiendo cómo aplicamos —o cómo tensamos— ese compromiso constitucional con el entorno.
5. La participación: votar, asociarse, opinar
La Constitución reconoce derechos que usamos sin pensarlo demasiado, pero que son el núcleo de una democracia viva:
- derecho a votar en elecciones municipales, autonómicas, generales y europeas,
- derecho a reunirse y manifestarse pacíficamente,
- derecho a crear asociaciones y participar en la vida pública,
- derecho a expresar opiniones (también críticas) sin miedo.
En La Palma eso se ve en:
- plataformas vecinales que se organizan,
- colectivos que defienden causas concretas,
- asociaciones que trabajan en cultura, deporte, discapacidad, juventud, barrio, medio ambiente,
- y en cada proceso electoral en el que decidimos quién gestiona nuestro ayuntamiento o nuestro Cabildo.
La Constitución no garantiza que todas las decisiones nos gusten, pero sí nos da las herramientas para organizar la discrepancia y el cambio.
