No todo es el aceite de girasol o semillas

Entre las alternativas destacan la oliva, el maiz, la colza o el coco

La Palma sigue sufriendo los estragos de la invasión Rusa a Ucrania. Es por ello, como te contamos en Onda Cero La Palma, que varios supermercados de la isla ya han decidido racionar el consumo del aceite de girasol y de semillas, que comúnmente se usa para freír, limitando su compra a 5 litros por persona.

Y es que Ucrania es uno de los países exportadores de este bien del mundo, aunque las autoridades ya están identificando en países como Sudáfrica o Argentina el nuevo mercado.

Por ello, hoy te traemos una lista con alternativas a este aceite para que su límite no te suponga un impedimento en tu cocina.

El aceite de oliva

El aceite de oliva está siendo uno de los más demandados por los consumidores, especialmente, en sus categorías más suaves y baratas, siendo una opción saludable que aporta múltiples beneficios para la salud.

Según los expertos, este alimento eleva el colesterol bueno y reduce el malo, controla la hipertensión, previene el alzhéimer, el cáncer, la depresión o la diabetes. Además, es bueno para la circulación, el corazón, los huesos, la digestión o el sistema inmune.

Sin embargo, el aceite de oliva también está sufriendo los golpes de la inflación en los últimos meses, siendo una opción costosa y no accesible para todos los bolsillos.

El aceite de maíz

El maíz es uno de los cereales más cultivados de todo el mundo y su aceite es muy popular gracias a su alto nivel de conservación.

Este producto tiene la capacidad de potenciar el sabor de los alimentos con los que se mezcla. A su vez, es muy rico en Vitamina E (la cual ayuda a evitar enfermedades circulatorias o vasculares), y tiene un efecto antioxidante, así como un alto contenido en Omega 6 que ayuda a mantener la salud ósea, capilar y cutánea.

A pesar de sus beneficios, el consumo en exceso del aceite de maíz, especialmente en su versión cocinada, puede afectar al organismo, puesto que es una fuente de grasas saturadas que puede llegar a dañar el hígado.

Aceite de colza

Este producto es la oleaginosa (vegetal de cuya semilla se extrae aceite) más cultivada en la Unión Europea con 19 millones de toneladas y los expertos afirman que el “auténtico aceite de colza” es un alimento con numerosas propiedades beneficiosas para la salud, ya que ayuda al correcto funcionamiento de sistemas como el inmune o el cardiovascular. También es rico en ácidos grasos Omega 3, con un aporte en otros nutrientes tan importantes como la vitamina E y la vitamina K.

Aceite de coco

Al cocinarse algunos productos naturales, estos pueden llegar a perder algunas de sus propiedades, principalmente si la cocción alcanza temperaturas muy elevadas. Afortunadamente, no es el caso del aceite de coco, el cual tiene características muy positivas para el organismo: aumenta las defensas, fortalece el sistema inmune, elimina las causas principales de la caries, arroja resultados positivos en la reducción de la grasa abdominal…

Igualmente, este tipo de aceite contiene principalmente grasas saturadas, lo que puede provocar el aumento del colesterol LDL, comúnmente conocido comocolesterol «malo», que se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedad cardíaca.

Aceite de aguacate

Este tipo de aceite, también utilizado para tratamientos de belleza, ayuda a disminuir los niveles de colesterol y triglicéridos. Además, su consumo le aporta al organismo una gran dosis de vitamina E y grasas saludables, lo que fortalece el corazón.

El consumo diario recomendado por los expertos es de una cucharada al día, dado que su exceso puede irritar el revestimiento del estómago como efecto secundario.

Aceite de mantequilla

Otra opción que se puede utilizar como sustitutivo del aceite de girasol es la mantequilla, un recurso muy versátil en la cocina y muy utilizado por nuestros vecinos franceses.

Este producto ayuda a una buena salud digestiva, ya que sus ácidos grasos sirven para evitar infecciones. Al mismo tiempo, es beneficiosa para las tiroides por su alto contenido en yodo, y al ser fuente de vitamina K2, ayuda a evitar la calcificación arterial.

No obstante, es un alimento compuesto por un 80 %de grasa, por lo tanto, su densidad calórica y sus grasas saturadas alertan de que no hay que abusar de su uso.