Nuestros mayores te siguen en redes… tu ‘inconsciencia’ les asusta

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Nuestros mayores se asoman a las ventanas, a la puerta… saludan a distancia. Resignados, pero conscientes de que la lucha en la que estamos enfrascados contra el COVID-19 es, principalmente, por ellos. Muchos en casa, protegidos por sus familias; otros muchos en centros en los que velamos por su bienestar en la recta final del camino. En La Palma, tenemos a casi 360 mayores atendidos un total de 14 centros residenciales. Todos permanecen bajo el cuidado de unos 250 profesionales, con los protocolos dispuestos para que el virus no llegue a esos espacios. Estamos haciendo todo lo posible para que así sea.

Nuestro sistema sociosanitario, tan aclamado en Canarias, coge valor en días en los que el aislamiento hace más necesario el trabajo de apoyo y acompañamiento. Es uno de los pilares más importantes de la Isla, nos describe como ínsula con una media de edad más avanzada que el resto del archipiélago. Pero hemos conseguido un método casi perfecto para velar por las personas que por causa de deterioro físico o mental requieren una actuación básica, cuidados médicos y de enfermería, y cuya situación de vida digna no pueda ser mantenida en su domicilio.

Todos, al igual que tú y yo, ven la tele, siguen las redes sociales… les llegan las noticias falsas, los bulos y los comentarios insensatos (tipo: “solo ataca a personas mayores”). Todos sienten lo mismo que un adolescente o un adulto… miedo, ansiedad, inquietud. Si lo sabemos, ¿por qué seguimos haciendo disparates?.

Ellos entienden que lo primero es la salud de la gente. Saben, porque están informados, que son la parte más vulnerable de esta alarma sanitaria. Además reconocen todo el trabajo que la sociedad está haciendo para protegerlos.

Lejos de parecer solos y asustados, los mayores palmeros, curtidos por su propia historia, acostumbrados en muchos casos a la tranquilidad con la que convivieron en el mundo rural y a compartir conversación como principal hobby; reciben información de cómo van las cosas, mientras se les organizan en cada centro actividades de entretenimiento de apoyo.

Esta ‘cuarentena’ es casi como cada día normal para ellos, pero con la salvedad de que salir a la calle está prohibido, de la misma manera que recibir visitas. Su comunicación, su mundo se ha reducido un poco más… concretamente a los y las compañeras de estancia y a los y las personas que velan por ellas en cada residencia.

Al igual que ocurre con el resto de los seres, mayoritariamente, la comunicación exterior se limita a las redes de comunicación. El Whatssap, el Facebook, en este caso sí que se convierten en herramientas fundamentales… con ella tienen al amigo, al familiar a tiro de mensaje… acceden a videos, a prensa.. saben perfectamente cómo lo estamos pasando. También se desquician, como tú, por noticias falsas, por fake news (aunque ellos los llamen simplemente ‘mentiras’).

Pudiera parecer, por el barullo mediático, que asistimos a cierto colapso sociosanitario… pero nada mas lejos de la realidad. El sistema en La Palma está funcionando perfectamente y protege desde el minuto 1 a nuestros mayores. Solo depende de que sus familiares y amigos no lo pongan en riesgo evitando contactos innecesarios en estos días, ni generándoles más preocupación de la que ya soportan.

En general, ellos, los mayores, cumplen las reglas. Se las inculcan las personas que trabajan para ellas. Es más, reprochan alguna que otra conducta inadecuada, si la perciben. Al menos por fuera, lo llevan bien. El interior de cada persona es otro mundo. Sienten, como nosotros, preocupación por los que están fuera intentando evitar que ‘el bicho’ se expanda.

Además, cuentan con el posible apoyo de psicólogos del Cabildo en el caso de requerirse. Solo basta pedir su presencia. Por ahora, pese a todo, no han tenido que actuar ni una sola vez.

Y es que nuestros mayores, los palmeros, no se sienten ni alejados, ni distanciados, ni aislados… no son olvidados. Saben que los tenemos presentes, que los queremos mucho; aunque en estos días difíciles no podamos darles “ni besos ni abrazos”.

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