¿Quién me ha robado el mes de abril?

Tenía que ser abril. El maestro Sabina eligió el mes perfecto para la banda sonora de los desdichados. Una canción de las eternas escrita para aquellos que perdieron su oportunidad. El coronavirus seguro que sabía de su existencia y ha llegado a tiempo para hacernos a todos partícipes de la misma, cada uno con su sueño perdido o su ilusión desilusionada. Desde este miércoles día 1 somos parte del melodrama sabinero, como lo fueron la ‘Chica de BUP’ o el ‘Hombre del traje gris’, porque el maldito virus nos va a robar el mes de abril.

Y no es poco el daño psicológico que a los no rutinarios nos provocará esta pérdida. Abril es siempre el mes de los proyectos, del renacer del ideólogo, del deshielo mental del invierno. Abril iba a ser, como siempre, música y color. Abril, con sus días largos, sus nuevas tendencias y las primeras escapacas, quiería ser nuestro mes más bonito en este Lustral 2020… ese año que tanto nos ilusionó y que tanto nos está decepcionando. Sin abril, ¿cómo nos preparamos para el verano?.

El escenario ha cambiado radicalmente. Lo viviremos afrontando, en cada uno de sus días, los irrecuperables números del drama sanitario, las dolorosas cuentas en rojo de la economía global y familiar, y siendo conscientes de un ineludible certificado que nos ha entregado la cruda realidad, ese que confirma que el sistema político que hemos idealizado nos ha fallado.

Pero toda esa nefasta información tapará la pérdida que más infeliz nos hace. ¿Cuántos proyectos, ideas e ilusiones de futuro se llevará este invisible bicho al robarnos el mes de abril? Eso jamás lo sabremos. Solo lo recordarán los protagonistas de cada desdicha. Todos nos dejaremos algo en particular y todos nos dejaremos muchas cosas en común.

A los palmeros, por ejemplo el confinamiento del coronavirus nos roba el disfrute de la Isla Bonita en primavera. El despertar multicolor de los campos de flores en Garafía o el majestuoso alzamiento de los Tajinastes rosados en la cumbre de Puntagorda. Nos roba las oscuras noches de observación durante la lluvia de estrellas de las Líridas (del 16 al 22 de abril) en el Llano de las Brujas o la brisa que baja para aliviar el esfuerzo de los Trails Runners que ya no correrán entre las fayas y brezos de El Paso.

A los sevillanos les ha robado la Feria de Abril, a los fieles devotos las procesiones de Semana Santa, a los amantes del ocio los grandes festivales de música (el Coachella, el Primavera Sound…), a los adeptos lectores el Día del Libro, el 23 de abril… ese mismo día en el que el redactor de esta EDITORIAL no podrá invitar a sus amigos en el 45 cumpleaños.

Nos ha dejado sin Día Mundial de la Bicicleta, el 19 de abril, y, un poquito antes, sin Día Mundial del Beso allá por el 13 de abril. Un abril sin bici quizás se soporte, pero ¡un abril sin besos!… ¿cómo se le ocurre tal desfachatez al coronavirus?

No podremos celebrar el recordatorio anual del primer viaje espacial del ser humano, el de Yuri Gagarin tal día como un 12 de abril, ni tampoco el nacimiento de dos ilustres de nuestra historia, Leonardo da Vinci (el 15 de abril) y Charles Chaplin (16 de abril). Tampoco la fundación de la OTAN ni de Microsoft (el 4 de abril). Ni siquiera aquellos aniversarios que no queremos recordar. el hundimiento del Titanic (14 de abril) o el desastre medioambiental de Chernóbil (26 de abril).

Incluso hará que pasen desapercibidas la Semana Mundial de la Educación, justo cuando no habrá Educación, o la Semana Mundial de la Inmunización, cuando más necesitamos estar inmunizados.

Eso sí, el COVID-19 y su catastrófico impacto jamás nos permitirá olvidar que el 7 de abril el Planeta conmemorará el día Mundial de la Salud, creado para recordar la fundación de la Organización Mundial de la Salud, que solo nos interesa en tiempos de pandemia.

Tampoco permitirá que el ser humano vuelva a olvidar que el 22 de abril será el Día Mundial de la Tierra. Ese día nos llenaremos de gloria con discursos contra la contaminación, la conservación de la biodiversidad y los ecosistemas…

Es muy probable que nos deje en el calendario de obligado cumplimiento solo esos dos días, porque, seamos sinceros, son los únicos que NO íbamos a celebrar de forma sincera. Quizás por eso el 7 y 22 serán los dos únicos días hipócritas del mes de abril que no querrá robarnos el malvado coronavirus.

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