Si algo nos define, después de lo vivido, es la resiliencia

Autor: Van Marty

Un pequeño temblor, como cuando te da un escalofrío. Otro, otro más, y otro. Un enjambre. Un enjambre sísmico que anunciaba lo que, en el fondo, éramos conscientes que podía pasar – vivimos en un lugar que nació de la furia de la tierra – pero nunca nos imaginamos que esta vez fuera así.

Y el 19 de septiembre de 2021 a las 15:10 de la tarde, un estallido. La tierra se abrió en La Palma y comenzó a sangrar una herida que todavía no sana. 85 días donde todo se paró. Excepto los rugidos, los temblores y los ríos de lava que no daban tregua a nada que se encontraran en el camino.  Y qué decir del dolor de nuestros vecinos…el dolor de la pérdida. Por suerte no humana, pero si personal. Nuestra calle, nuestro parque, nuestro bar de siempre, el cole, la farmacia, la iglesia…Años de vida.

2.329 personas perdieron su vivienda.

Más de 7.000 personas fueron evacuadas.

1.218,87 hectáreas de terreno sepultadas por las coladas.

1.676 edificaciones afectadas por las coladas: 1.345 viviendas, 180 cuartos de aperos, 75 industriales, 44 de comercio y hostelería, 16 de uso público y 16 de otros usos.

370,07 hectáreas de cultivo afectadas por las coladas: 228,69 de plataneras, 68,05 de viña y 27,43 de aguacate.

73.805 metros de carreteras afectadas por las coladas.

Ha pasado un año y el dolor persiste, pero la lucha incansable que caracteriza a los palmeros y las palmeras se ha convertido en la protagonista del día a día, a pesar de las dificultades. Porque si algo nos define, después de lo vivido, es la resiliencia.

Y también la esperanza. La esperanza de construir un futuro. De volver a abrir la puerta de casa, aunque sea en otro lugar. Volver a labrar la tierra, volver a regar, volver a aquella playa que nos vio crecer y donde compartimos tantos veranos.

Volver. Pero no como antes. Porque ahora somos más fuertes.