Una noche de copas en Las Palmas que terminó con 7 casos en La Palma.

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Quizás ante historias como ésta, nos paremos a pensar y nos demos cuenta que la batalla que está librando el mundo contra la COVID-19 no es un juego; y que las advertencias de Sanidad no deben caer ‘en saco roto’. Que si Gobierno de Canarias y Ministerio endurecen la normativa no es para ‘fastidiarnos’ sino para tratar de parar a un virus que lo ha cambiado todo. La historia la recoge el periódico Canarias 7 y cuenta como una noche de copas en Las Palmas terminó con la reaparición del coronavirus en la Isla Bonita con 7 casos activos.

Los hechos sucedieron en la noche del 1 de agosto. Una noche de sábado como cualquier otra en la que los jóvenes deciden salir a divertirse en una zona de ocio de la capital de Gran Canaria, olvidando que ya las cosas no son como antes. Grupos de jóvenes que van de bar en bar y se mezclan con otros grupos que hacen lo mismo. Durante la fiesta, la mascarilla que, al inicio de la noche sí pudo estar presente, pasa a un segundo o tercer plano.

4 días después aparece el primer positivo por COVID-19. Seis días después ya se había localizado a 32 infectados que “disfrutaron” de la noche de fiesta en Las Palmas. De estos contagios, surgen otros 28 que no estuvieron en la celebración pero que son parientes o compañeros de trabajo de quienes sí lo hicieron.

Y así fue como ocurrió. En la Isla Bonita, una isla que llevaba 46 días siendo un territorio “libre de COVID-19”, saltan las alarmas. Se acabaron los “ceros” y reaparece el “coronavirus importado”. Se trata de un viaje vacacional de un grupo de jóvenes procedentes de Gran Canaria, donde se localizaron 7 positivos.

Una sola noche de ocio dio lugar al mayor brote registrado en Canarias que afectó a 60 personas. La mayoría de infectados fueron jóvenes en torno a los 27 años, pero también el virus alcanzó a personas mayores de 65 con el riesgo que ello supone. Una historia sencilla pero difícil de ‘entramar’ y que ha sido posible gracias a la labor que desempeñan los equipos rastreadores de Canarias. Sanitarios que con solo hablar con estos jóvenes pudieron armar pieza a pieza este puzzle, seguir cada uno de los pasos que dieron los infectados desde su noche de fiesta y localizar a sus contactos para frenar la expansión el virus.