Fuencaliente sitúa la Malvasía en el centro del futuro del territorio con las IV Jornadas que unen patrimonio, conocimiento y enoturismo
Las IV Jornadas de la Malvasía "La Viña y el Vino", celebradas los días 15 y 16 de agosto en Fuencaliente, han reunido a viticultores, bodegas, universidad, administración, especialistas y profesionales del sector para reflexionar conjuntamente sobre el presente y el futuro de la Malvasía Aromática como patrimonio cultural, paisajístico y motor de desarrollo local.

Fuencaliente acogió los pasados 15 y 16 de agosto la cuarta edición de las Jornadas de la Malvasía «La Viña y el Vino», una iniciativa impulsada por el Ayuntamiento de Fuencaliente, financiada por Volcanic Experience – Dinamiza Rural y diseñada y producida por UKÉN Enoturismo.
Las Jornadas nacieron con una vocación clara: crear un espacio de encuentro donde todas las personas implicadas en la construcción del territorio pudieran compartir conocimiento, experiencias y visiones alrededor de uno de los mayores patrimonios de La Palma: la Malvasía Aromática y el paisaje vitivinícola que la hace posible.
Lejos de plantearse como un ciclo de conferencias, el encuentro apostó por un formato participativo en el que patrimonio, viticultura, universidad, gastronomía, paisaje, turismo y cultura del vino dialogaron desde una visión común: entender la Malvasía como un elemento capaz de generar identidad, conocimiento, economía y oportunidades para el territorio.
Durante dos intensas jornadas se desarrollaron paseos interpretativos por el paisaje vitivinícola de Los Quemados, mesas redondas, visitas a bodegas y viñedos, encuentros con viticultores, gastronomía local, una visita al histórico Lagar de Tea de Bodegas Carballo y una cata de grandes Malvasías de Fuencaliente, con vinos secos y dulces de distintas añadas y elaboradores del municipio.
Cuatro conversaciones para entender la Malvasía
La programación comenzó con un recorrido interpretativo por el paisaje vitivinícola de Los Quemados, guiado por Diego Barrera (UKÉN Enoturismo), como introducción al territorio que dio sentido al resto de las Jornadas.
La primera mesa, «La viña del Malvasía», reunió a los viticultores Damián Lorenzo Carballo, Orlinda González, Antonio Cabrera y Josua Cabrera, quienes compartieron su experiencia diaria en el cultivo de la vid y los retos que afronta el mantenimiento del paisaje agrícola tradicional.
A continuación, la mesa «La herencia del Malvasía» reunió a Aythami González Díaz y Manuel Hernández Cabrera, autores del libro La Tierra del Malvasía; Elías Bienes Fernández, técnico del Cabildo de La Palma especializado en conservación de variedades tradicionales; y José Raúl Melián López, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos La Palma.
La segunda jornada se desarrolló íntegramente en Bodegas Teneguía.
La primera mesa del domingo reunió a Carlos Lozano, enólogo de Bodegas Teneguía; Victoria Torres Pecis, enóloga y propietaria de Bodegas Victoria Torres Pecis; Eduardo J. Pérez, enólogo y propietario de Bodegas mil7ochentaynueve; y José Alberto Morales Hernández, enólogo y propietario de Bodegas Carballo, quienes ofrecieron una visión complementaria sobre las diferentes interpretaciones de la Malvasía desde la elaboración y el territorio.
Posteriormente, el debate se abrió hacia el papel del vino como herramienta de desarrollo económico, cultural y turístico con la participación de Hernán Tejera Oval, gerente del Clúster de Enoturismo de Canarias; Carlos Fernández, profesor del Área de Economía Aplicada y Turismo de la Universidad de La Laguna; y Ainara Murillo, directora de MALVA y especialista en vino, territorio y enoturismo.
Las diferentes mesas fueron moderadas por el periodista Pedro Montesinos, favoreciendo un diálogo cercano entre perfiles muy diversos que permitió conectar la experiencia del campo, la investigación, la elaboración del vino, el turismo y la gestión del territorio.
El programa se completó con una visita a Bodegas Carballo y a su histórico Lagar de Tea, un almuerzo de convivencia en Bodegas Teneguía y una cata comentada de grandes Malvasías de Fuencaliente, con vinos secos y dulces de diferentes bodegas y añadas del municipio.
Una reflexión que marcó las Jornadas
Uno de los momentos más inspiradores llegó de la mano de Ainara Murillo, cuya intervención sintetizó el espíritu de estas Jornadas:
«El viticultor debería ser patrimonio cultural. Igual que una iglesia, por ejemplo, la tierra también es un patrimonio. Los que están trabajando la tierra, los viticultores y viticultoras son los restauradores de esta tierra. Sin ellos no hay identidad, no hay territorio y, obviamente, no hay turismo.»
Ainara Murillo
IV Jornadas de la Malvasía · Plaza de Los Quemados · 15 de agosto de 2026.
Esta reflexión resume una de las principales conclusiones del encuentro: conservar la Malvasía Aromática no significa únicamente proteger una variedad de uva, sino reconocer el papel fundamental de quienes mantienen vivo el paisaje y hacen posible la continuidad de un patrimonio agrícola, cultural y turístico único.
Un proyecto con vocación de futuro
Las valoraciones trasladadas por ponentes, profesionales e instituciones coinciden en destacar la calidad del formato, la profundidad de los debates y la capacidad de las Jornadas para reunir perfiles que habitualmente no comparten un mismo espacio de reflexión. El encuentro ha contribuido a fortalecer nuevas alianzas entre el sector vitivinícola, la administración, la universidad y los profesionales del territorio, sentando las bases para seguir posicionando a Fuencaliente como Tierra de Malvasía y reforzando el reconocimiento de la Malvasía Aromática como uno de los grandes patrimonios culturales, paisajísticos y enoturísticos de La Palma.
Las IV Jornadas de la Malvasía nacen con la vocación de posicionar a Fuencaliente como Tierra de Malvasía y de convertirse, edición tras edición, en un espacio de referencia para el encuentro entre viticultura, patrimonio, conocimiento y enoturismo en Canarias.
Porque el verdadero patrimonio de la Malvasía no está únicamente en la cepa o en la copa.
Está en las personas que la cultivan, en el paisaje que la sostiene y en la capacidad de un territorio para reconocerse en ella y construir, desde ahí, su futuro.