Los mayores palmeros, “en las mejores manos”

Alguien, da igual si técnico/a o político/a, hace ya algunos años, tuvo la sensata y feliz idea de conectar todo el entramado público de pequeñas residencias de mayores de La Palma. Unificar criterios de acceso, distribución y seguimiento de plazas de forma insular e iniciar lo que ahora se demuestra como un sistema idóneo, eficaz y digno del estado del bienestar del que presume nuestra sociedad insular: un circuito interconectado, gestionado por los propios ayuntamientos y coordinado bajo el asesoramiento administrativo del Cabildo, que ahora busca además compartir recursos y unificar criterios, servicios, formas, modos…. tristezas y alegrías.

En tiempos de la pandemia del coronavirus que amenaza a nuestros mayores, toda la sociedad palmera agradece lo que se ha conseguido. Una realidad no aplaudida que muestran los números sanitarios y que nos dice que nuestros longevos están donde mejor pueden estar en estos momentos, con la gente que debe estar a su cargo, “en las mejores manos”.

Las pequeñas pero grandes residencias de La Palma son el vivo ejemplo de la sociedad que tenemos en la Isla Bonita y de cómo los palmeros cuidan y protegen a aquellos que nos trajeron hasta aquí. La Palma, que se reconoce envejecida, no es solo el centro sanitario de Dolores y la gran residencia de pensionistas de la Dehesa. Es también el entramado de 12 residencias perfectamente coordinadas, distribuidas por todos los pueblos de la Isla en las que conviven 226 mayores bajo los cuidados y atenciones diarias de casi 100 trabajadores/as.

Aún quedan algunas más por llegar, pero actualmente el sistema está conformado por las residencias de: Barlovento, San Andrés y Sauces, Puntallana, Breña Alta, Mazo, Fuencaliente, Tazacorte, Tijarafe, Puntagorda, Garafía (Franceses y Santo Domingo) y Los Llanos de Aridane (bajo la gestión concertada con Fundación Solidaridad La Palma).

Son las pequeñas, posiblemente no están dotadas con los recursos y materiales de los dos grandes centros sociosanitarios de la Isla, pero tienen la ventaja de que el personal que en ellas atiende a los mayores lo hacen como si cuidaran de un abuelo en su propia casa. Al fin y al cabo, de eso se trataba el sistema… de que estuvieran, en lo posible, como en casa.

Cada una de esas personas que atienden a los mayores en estos centros están siendo muy bien valoradas, tanto desde la Administración como por parte de los familiares de los usuarios, tal y como nos confirman desde el equipo técnico del Cabildo. Se ciñen con rigurosidad a los protocolos, comparten dudas y soluciones, mientras desde el Área de Acción Social de la Administración Insular, actualmente bajo la dirección política de Nieves María Hernández Pérez, se intenta dar respuesta a dudas y necesidades con la mayor urgencia posible.

Desde las 12 direcciones (11 directoras y un director) de estos centros se trasladan en estos días más difíciles y de gran responsabilidad para todos, experiencias que permiten la aplicación de esos protocolos en el resto de complejos… mientras, los trabajadores/as hacen lo imposible para hacer que el virus no se cuele en estos espacios en donde hasta hoy nuestros mayores se sienten seguros.

Quizás haya sido simple casualidad, quizás el buen hacer del sistema, quizás incluso la implicación personal de estas personas… pero lo cierto (y crucemos los dedos) es que, al menos hasta hoy, tras 20 días de estado de alarma, han conseguido que no haya ningún caso en estos centros, y que los mayores de estas pequeñas residencias hayan estado perfectamente protegidos.

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