¿Qué hay detrás de una flor? Los secretos de la flor cortada que se cultiva en La Palma
Rosas, gerberas, lisianthus o crisantemos forman parte de una producción que exige cuidados constantes. Beatriz Rodríguez Díaz, de Agrícola Anibe, nos descubre cómo es el trabajo diario de este cultivo en la Isla y por qué mantenerlo frente a la competencia exterior no resulta sencillo.

Una rosa puede acabar en un ramo, una gerbera puede dar color a una celebración y otras flores acompañan momentos importantes de nuestra vida. Pero ¿alguna vez nos hemos parado a pensar cuánto trabajo hay detrás de cada tallo antes de llegar a una floristería?
En La Palma, la flor cortada forma parte de una actividad agrícola que requiere planificación, dedicación y conocimientos específicos. Para conocer mejor este mundo, hablamos en Más de Uno La Palma, con Beatriz Rodríguez Díaz, de Agrícola Anibe, una empresa familiar vinculada a este cultivo desde hace aproximadamente medio siglo.
No todas las flores crecen al mismo ritmo
Una de las curiosidades de este cultivo es que la producción no se limita a plantar y esperar a que las flores estén listas. Cada variedad tiene sus propios tiempos y necesidades.
Según explica Beatriz, hay cultivos que requieren nuevas siembras cada semana o cada quince días. En el caso de los liliums y los crisantemos, por ejemplo, la planificación es constante: se corta la flor, se prepara de nuevo el terreno y comienza otro ciclo.
Por eso, las fincas se organizan en diferentes sectores, de manera que siempre haya cultivos en distintas fases de desarrollo. Una tarea que exige coordinación para intentar disponer de flores cuando las necesitan las floristerías.
Rosas, gerberas y lisianthus: ¿qué flores se cultivan en La Palma?
En Agrícola Anibe trabajan con una amplia variedad de flores. Entre ellas están las rosas, las gerberas, las siemprevivas, la paniculata (conocida también como lluvia), los lisianthus, el limonio y los anturios, entre otras.
¿La razón de cultivar tantas variedades? Dar respuesta a las necesidades de las floristerías y ofrecerles diferentes opciones sin que tengan que recurrir siempre a proveedores de fuera.
La diversidad se convierte así en una estrategia comercial: disponer de más tipos de flores permite cubrir más pedidos y mantener una relación más directa con los establecimientos que venden la producción local.
¿Cuándo se venden más flores?
Aunque las flores están presentes durante todo el año, hay fechas en las que su demanda adquiere especial importancia.
Una de las campañas fundamentales para el sector es la de Todos los Santos y los Difuntos, cuando muchas familias acuden a las floristerías para llevar flores a sus seres queridos. Por eso, los meses previos requieren una planificación especial para llegar a esas fechas con producción disponible. El Día de la Madre es otra de las citas destacadas del calendario comercial.
Sin embargo, producir en el momento adecuado no garantiza que toda la flor se venda. La demanda, la llegada de producto de otros países y las decisiones de compra de las floristerías influyen en las posibilidades de comercialización.
¿Por qué una flor puede ser más difícil de cultivar de lo que parece?
Una flor bonita y en buen estado es el resultado de mucho trabajo que normalmente pasa desapercibido. Beatriz nos explica que mantener la calidad de las plantas implica controlar las hierbas, vigilar las plagas y dedicar tiempo y recursos a los cuidados de la finca.
En su explotación también están recurriendo al control biológico mediante insectos beneficiosos, una alternativa que requiere paciencia mientras se consigue mantener las plagas bajo control. Las condiciones de calor pueden favorecer la reproducción de algunos insectos y complicar todavía más esta tarea.
De ahí que el precio de una flor no refleje solamente el producto que vemos en el mostrador, sino también el trabajo necesario para conseguir que llegue en buenas condiciones hasta el consumidor.
Colombia, Ecuador y Países Bajos: la competencia que llega de fuera
La flor cortada palmera se enfrenta a un mercado en el que también participan productores internacionales. Beatriz menciona, entre otros orígenes, Colombia, Ecuador y Países Bajos.
Esta competencia condiciona la comercialización de la producción local. Según explica, hay momentos en los que llega mucha flor del exterior y la de aquí encuentra más dificultades para venderse.
Por eso, disponer de variedad y responder a lo que necesitan las floristerías resulta tan importante. Si un establecimiento no encuentra determinadas flores en la producción local, puede recurrir a otros mercados para completar su oferta.
El reto no consiste únicamente en cultivar flores de calidad, sino también en conseguir que tengan salida comercial y que el trabajo de los productores pueda sostenerse económicamente.
Una tradición familiar que tuvo que empezar de cero
Detrás de Agrícola Anibe hay también una historia de continuidad familiar y superación. Los padres de Beatriz comenzaron con la flor cortada hace aproximadamente 50 años, y ella y sus hermanos han crecido vinculados a esta actividad.
Pero el negocio atravesó dos golpes consecutivos. Durante la pandemia, la paralización de la actividad provocó importantes pérdidas en una campaña para la que ya tenían preparados los cultivos. Después, la erupción volcánica de 2021 afectó a las instalaciones donde trabajaban y comercializaban las flores, además de ocasionar pérdidas en las fincas.
Hoy, el trabajo continúa entre los cuidados diarios, la búsqueda de oportunidades de venta y la esperanza de recuperar progresivamente la actividad.
La próxima vez que compremos un ramo, quizá merezca la pena mirar más allá de sus colores. Porque detrás de cada flor hay una planta que cuidar, un calendario que respetar y productores que trabajan para mantener vivo un cultivo que también forma parte del campo palmero.